Seres esenciales

Espontaneidad pero también control, precisión y casualidad se conjugan en estos cuadros de factura delicada pero también poderosa. Tejidos ricos y texturados, sedas o sensuales brocados, rostros flotando en un espacio de mancha, donde el silencio no pintado sobre el lienzo habla de otros espacios sin límites. Composiciones inusuales donde las figuras se enfrentan al espectador o aguardan, en una narrativa visual donde el recurso a la segmentación sistematizada de encuadres, los contrastes por yuxtaposición, rompen aparentemente la continuidad narrativa. En esas rupturas, en esos espacios del hipertexto –de lo no lineal- donde de nuevo nada es lo que parece a simple vista, es donde la autora invita al espectador a apropiarse de la imagen, de la narratio, para hacerla suya, para reconstruir su propio hilo de la historia. La ilocución, la presencia de personajes recurrentes y aparentemente ajenos a un mundo cotidiano, reforzados en facciones codificadas –los rostros de todas sus mujeres tienen algo de herencia genética común- poseen insistencia identificadora en una especie de aliteración poética que, unida a un lenguaje difícil de separar de su particular universo, vuelve a incorporar influencias del norte y del sur. Desde el frío, casi cínico personaje de Kreuzberg o el juez mani poluti, el de la larga tradición de injusticia europea, digno personaje de Sciascia, hasta el Guerrero japonés de un Sur mucho más estético aunque seguramente no menos corrupto, Lupe Godoy hace su propia lectura de un país propio y a la vez ajeno, de su universo y del universo de todos, atravesado de influencias, articulado con un lenguaje del que nos hace partícipes. Un recorrido por la diáspora del mundo, donde circulan los seres humanos, los Seres Esenciales, a la búsqueda de su identidad, de su locus.

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